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Extremismo Islámico: Una amenaza intolerante disfrazada de religión.

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Hoy en día los titulares de las noticias internacionales nos muestran cada vez con frecuencia las atrocidades que han sido cometidas por el Estado Islámico de Iraq y el Levante, por Al Shabab o por Boko Haram, por nombrar a algunos de los grupos habitualmente mencionados en relación al terrorismo internacional. Sin embargo, para entender bien el fenómeno debemos conocer la naturaleza de tales grupos, en especial del que más importancia parece tener por el repercutir de sus actos: el Estado Islámico de Iraq y el Levante.

Para hablar de lo que los medios han llamado como ISIS o Estado Islámico de Iraq y el Levante, debemos primero, antes de dejar llevarnos por la mass media, entender qué es realmente dicho grupo. El Estado Islámico es un grupo armado liderado por el autoproclamado califa  Abu Bakr al-Baghdadi, que desde su inicio de operaciones en 2004 ha mutado tanto en nombre (se comenzó llamando Comunidad del Monoteísmo y la Yihad) como organización, líder y lugar de operaciones, puesto que inicialmente comenzaron sus operaciones en Iraq y hoy se extienden a Siria, en el marco de la Guerra civil que allí se vive.

A pesar que desde sus inicios han realizado operaciones de gran calibre, como el atentado contra la sede de la ONU en Bagdad cuando aún se conocían como la Comunidad del Monoteísmo y la Yihad y se encontraban bajo el mando de Abu Musab al Zarqaui, es desde su implicación en la Guerra Civil Siria que han demostrado no solo un poder armado que no se contemplaba desde la esfera internacional, sino ausencia de compasión por la vida que ha hecho sentir más de una vez repulsión al mundo entero, como ha quedado demostrado por los videos que circulan en internet donde ejecutan a sus prisioneros.

Vale decir que el nombre que se dan a sí mismos de Estado solo es una expresión de sus pretensiones, más no una realidad jurídica que haya sido reconocida por otros países o por organismos internacionales como la ONU.

En su actuar, ISIS ha causado graves violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario al causar desplazamiento, cometer múltiples ataques contra la población civil y la propiedad civil, así como contra bienes culturales protegidos y demás. A pesar de que dichas infracciones han sido flagrantes y admitidas con un orgullo repudiable por parte de dicha organización, la Corte Penal Internacional se ha visto impedida para entrar a juzgar dichas conductas por que, sea dicha la verdad, no puede.

Lo anterior se explica de forma sencilla. La competencia de la Corte Penal Internacional se activa cuando se comprueba que las infracciones a su Estatuto fundante se dan en el territorio de un Estado que con anterioridad ha firmado dicho instrumentos.  Es decir, confluyen factores de territorialidad, tiempo y materia. Puede hablarse de un factor personal complementario, cuando se demuestra que un nacional de un Estado parte del Estatuto de Roma ha cometido infracciones contenidas en él.

Con lo anterior, debe decirse que ni Iraq, ni Siria hacen parte del Estatuto de Roma, por lo cual ese factor de territorialidad y tiempo son inviables de sustentar, a pesar de que el factor de materia sea evidente por la magnitud de los atentados cometidos.

Queda residualmente que la Fiscalía de la CPI intentara investigar a aquellos combatientes que marchan desde países como Inglaterra, Francia, Alemania o Australia hacia las filas de ISIS, pero la verdad es que más allá del show mediático que esto provoca, ellos no son las cabezas de la organización, por lo cual su persecución poco o nada afectaría a un grupo como el Estado Islámico.

Dicho esto, muchas naciones, entre ellas Jordania y Estados Unidos han optado por una serie de ataques aéreas hacia las filas de ISIS, que no han dado más resultado que más destrucción en tierra y contrario a lo que se pudiera pensar, no ha mermado el poder armado del grupo extremista, que cada vez gana más terreno en Iraq y Siria.

Así, la lucha armada parece no ser una real alternativa para el control hacia ISIS, por lo cual se encuentra la necesidad de encontrar otras posibles alternativas que no apunten a la generación de más violencia.

Quizá, si se examina desde otra óptica puede que la CPI encontrara lugar a su competencia, en primer lugar acudiendo a la cláusula del artículo 13) b) del Estatuto de Roma que faculta al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para remitir situaciones a la Fiscalía de la Corte. A pesar de que sería una salida oportuna y daría un mensaje de que el Consejo de Seguridad está comprometido con el arreglo pacífico de los conflictos y la consecución de Justicia, está claro que tal pronunciamiento no llegará por la falta de consenso político al interior del máximo organismo a nivel ONU. No es de extrañar que ante una de estas iniciativas, los representantes de Rusia y China se opusieran a tal mandato por sus intereses económicos en Siria.

De la misma forma, es impensable que los gobiernos de Iraq y Siria remitiesen la situación por voluntad propia a la CPI para que esta investigase a los responsables.

Recordemos que después de la guerra de 2003 en Iraq, Estados Unidos, en el marco de su política de intervención en países “necesitados de democracia y libertades” instauró un régimen militar suní que marginó a las demás facciones musulmanas y de acuerdo a los interés norteamericanos, dicha remisión jamás llegaría. Igualmente pasa con el régimen de Bashar Al- Assad, quien ante la guerra civil que despertó hace algunos años en su nación y las brutalidades cometidas por ambos bandos, preferirá intentar conjurar la crisis con la ayuda no reconocida de Rusia y China, quienes como hemos dicho, no aprueban una intervención –formal- en dicho país.

Adicionalmente, a pesar de que la Fiscalía actualmente tiene abierto un examen preliminar –el cual fue re-abierto en 2014- en Iraq, el mismo se remite a las supuestas infracciones al Estatuto de Roma cometidas por parte de tropas del Reino Unido durante el periodo de 2003 y 2008, por lo cual, incluir en dicho análisis los sucesos que se adjudican a ISIS solo sería un fallo por cuanto no se podrán juzgar por ausencia de competencia personal, territorial y de tiempo a los verdaderamente responsables del comportamiento salvaje de la tropas de ISIS.

Con todo lo anterior, pareciera no haber una verdadera salida a la problemática vivida en Iraq y Siria con el azote diario de ISIS, sin embargo, una fuerte presión internacional que sea capaz de hacer real contrapeso a la influencia de Estados Unidos en Iraq y de Rusia y China en Siria para que estos a su vez por iniciativa propia trasladen a la CPI su intención de aceptar su competencia, sería un verdadero mensaje del compromiso internacional frente al castigo de las violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario.

Un actuar completo en Iraq, tanto por las acusaciones a las tropas de Reino Unido por abuso a sus prisioneros como respecto a los crímenes cometidos en dicho territorio por ISIS, por parte de la fiscalía de la CPI remitiría un mensaje claro hacia la comunidad internacional enfatizando que las violaciones a los Derechos Humanos no son un asunto exclusivo de África y Medio Oriente, sino que competen a todos y exigen el actuar común para su prevención y sanción.