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Cinismo Occidental: El dilema de ser o no ser Charlie.

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Como bien sabemos, el miércoles 7 de enero el mundo despertaba con una noticia trágica e inesperada. Tres personas fuertemente armadas irrumpieron en la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo, el cual, en muchas de sus portadas se ocupaba otrora de mofarse de ciertas situaciones relacionadas con el Islam. Fruto de tan vil ataque, fueron asesinadas 12 personas entre las cuales se encontraban periodistas y policías –uno de ellos, paradójicamente musulmán y quien murió defendiendo a los caricaturistas del semanario-.

Instantáneamente se formó una outreach campaing en las redes sociales que reunió a miles de personas en las calles parisinas reaccionando frente al fatídico atentado a través de la  etiqueta #JeSuisCharlie (YoSoyCharlie)

Al respecto, y con el pasar de los días surgió una masiva ola de pronunciamientos de personas que a pesar de la gravedad de lo sucedido decidían no hacer parte de esta iniciativa. Los argumentos esgrimidos por estos, sin bien condenaban el ataque, se encaminaban mas bien a apartarse de la campaña por cuanto no compartían las publicaciones realizadas por el semanario Charlie Hebdo, por considerarle un diario que promovía la islamofobia y carecia de respeto en sus portadas hacia la religion musulmana. En especial, hacían estos hacían referencia a la portada N° 1099 del semanario satírico donde se ilustraba un hombre musulmán siendo acribillado mientras se intentaba cubrir de la ráfaga con un ejemplar del Corán, acompañado de la siguiente leyenda: “El Corán es una mierda: No detiene las balas”.  


Así, defensores de lo que también se convirtió en una contra campaña bajo la etiqueta #JeNeSuisPasCharlie (YoNoSoyCharlie), intentaban argumentar que estos periodistas habrían sobrepasado los límites del derecho a la libertad de expresión, y que dichas provocadoras ilustraciones de Charlie Hebdo habrían labrado el destino propio del semanario y muchas más desacertadas posturas, que no solo desconocen el verdadero trabajo de los journalistes franceses, sino que aún peor, desconocen las realidades de un Derecho Humano tan importante como lo es el de la libre expresión y pensamiento.

Al respecto, vale la pena hacer mención al pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en casos como el de la Última Tentación de Cristo –película que es censurada por la comunidad católica y cristiana-, el Caso Ricardo Canese o Caso Lopez Álvarez, a saber: “La libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación de la opinión pública. Por ende, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre.”[1]

Lo que me llama la atención es la profunda contradicción en la que caen aquellos que manifiestan con firmeza:  #JeNeSuisPasCharlie. Pues ser Charlie Hebdo no es compartir el mensaje en sus publicaciones, es censurar el ataque a un Derecho Humano como lo es el de la libertad de expresión y pensamiento que reposaba en cabeza de sus caricaturistas. Por eso, Je Suis Charlie Hebdo, porque si bien puede que sus publicaciones rayen en lo cruel –no solo con el Islam, sino con el catolicismo, el judaísmo, la derecha francesa, la defensa de los derechos humanos y las desigualdades sociales-, ese ejercicio periodístico amparado por la libertad de expresión, obliga a que como sociedad nos formemos en relaciones más tolerantes y pluralistas, tal como lo señalara la relatoría para la libertad de expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, varías organizaciones internacionales de Derechos Humanos y los mismos musulmanes que acompañaron la multitudinaria manifestación parisina del Domingo, en la cual se condenaba el ataque.

Sin embargo, al adherir ese #JeSuisCharlie, moralmente me encuentro en la obligación de censurar muchas más conductas que a pesar de no haber acontencido en la Ciudad Luz, pasan desapercibidas en los medios de comunicación masivos, como lo es privación de la libertad y la tortura diaria a la que es sometido el bloguero Raif Badawi o la escalada de violencia vivida en Nigeria.
 
Raif Badawi fue condenado por Arabia Saudita a 10 años de prisión, 1000 latigazos en la plaza pública de Yidda -50 diariamente hasta completar los 1000-, además a una multa que asciende a casi 300.000 dólares americanos, por haber creado un foro de debate en internet e insultar el Islam. Dicho suceso no mereció una alocución del Secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry, ni los mensajes en redes sociales de varios jefes de Estado Europeos, ni el cubrimiento diario por parte de los medios masivos, o una marcha a la cual asistieran varias personalidades de la política mundial;  a pesar de que dicha situación sea contraria, y lesiva a los postulados de instrumentos internacionales tales como la Convención Internacional contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, entre otros. 

La indiferencia mundial en este caso sucede quizás por ser Arabia Saudita uno de los aliados estratégicos más importantes de Estados Unidos en el Oriente Medio y porque la sociedad se acostumbró a que en ciertas latitudes, (como el caso Colombiano) las violaciones de Derechos Humanos son normales, diarias e intrascendentales.

Otro ejemplo resulta la catástrofe humanitaria padecida a diario en Nigeria, a causa del crecimiento de la violencia del grupo fundamentalista islámico Boko Haram, la cual al igual es digna de un reproche mundial. Varios comunicados de prensa de organizaciones internacionales de Derechos Humanos han puesto su ojo allí sin que esto se traduzca en una movilización tan masiva como la que reunió el ataque en París. Si bien la noticia ha sido cubierto por medios como The Wall Street Journal o The Guardian, han sido pocos los pronunciamentos de apoyo a la comunidad de Nigeria, a pesar de que las victimas ascienden a miles, como las 2000 que resultaron muertas tras el asalto y destrucción del municipio de Daga, al norte del país, donde cientos de cuerpos sin vida fueron encontrados en las calles. Pero además, sus abusos no terminan allí, puesto que han decretado que los menores pertenecientes a las regiones en las cuales tiene presencia dicho grupo, deberían pasar a sus filas armadas y que las mujeres deben ser sometidas a la ablación.

No cabe duda entonces que lo dicho hasta ahora demuestra lo que ya se ha vuelto incluso evidente, y es que el aumento del fundamentalismo islámico cada vez gana más adeptos, al punto de que un régimen fundamentalista como el de Arabia Saudita cuenta con la bendición de Estados Unidos.

Ese tipo de fundamentalismo terrorista no se puede justificar con provocaciones occidentales, como algunos quieren hacer ver a las publicaciones de Charlie Hebdo, puesto que tal forma de entender el mundo no necesita más provocación que la existencia de lo que consideran impío. Lo que realmente fortalece el fundamentalismo islámico –y judío y cristiano- es creer que su respectiva fe no es susceptible de contradicción, ni puede ser puesta en duda o ridiculización. Es creer que su libre ejercicio de la religiosidad, limita de alguna forma el derecho de los demás que no comparten su visión, a expresarlo de cualquier forma, sin que esto se traduzca en una incitación automática a la violencia.

Así pues, no ser Charlie Hebdo, Raif Badawi o los habitantes de Nigeria, es una muestra más de que por alguna razón, hoy en día creemos que unas vidas son más valiosas que otras, que las violaciones de Derechos Humanos revisten de más gravedad si se dan en lugares impensables como París en contraste a los ocurridos en lugares marginados como Nigeria. Y sin lugar a dudas, no ser Charlie nos muestra que cada día somos más cínicos como sociedad. Como bien lo afirman los franceses en este caso tambien opera el lema Deux poids deux mesures.

Para confirmar nuestra posicion Pro Charlie Hebdo y rescatar la lucha por el derecho a la libertad de expresión que enfrentan cada día los sobrevivientes del atentado, e igualmente ilustrarle a aquellos que con critica en mano se atreven a desprestigiar el semanario sin conocerlo, ponemos a su disposición la primera versión del semanario publicada el día 14 de enero de 2015, que marco un precedente para decirle al mundo que CHARLIE HEBDO NO HA MUERTO.

Bien escribió Raif Badawi en su blog que “tan pronto como un pensador empieza a revelar sus ideas, cientos de personas lo acusan de infiel solo por tener el coraje de discutir temas sagrados. Yo estoy preocupado porque los pensadores árabes están migrando para buscar aire fresco y escapar de la espada de las autoridades religiosas”[2]

Por todo lo anterior, yo soy Charlie Hebdo. Yo soy Raif Badawi y Yo soy Nigeria.
 
 

[1] Corte IDH, La Colegiación Obligatoria de Periodistas, Opinión Consultiva solicitada por el Gobierno de Costa Rica, OC-5/85, 13 de Noviembre de 1985, para 70.